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Trenza de Leche Condensada

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Una vez más, navego en mis memorias culinarias para traerles otra de las recetas de mi vida. Es un pan de leche condensada que lo hacía mi abuela paterna, hace muuuuchos años. Y recuerdo cuando en un momento de su vida, ella tuvo una cafetería. Y me entretenía jugando, haciendo que atendía. Yo y mi prima, dos niñas de menos de 10 años, creyendo que éramos muy importantes ahí! Obvio mi abuela nos dejaba jugar sin límites y nuestro pago, casi siempre, era con este pan, que era una de las estrellas de su café.

Pero mi abuela vivía en otra ciudad, lejos de mi casa, y por eso mi mamá le pidió la receta, para matar mis ganas durante el año, ya que solo íbamos en época de vacaciones. Por años, acompañé a mi mamá haciendo los delicados panecitos y esperaba ansiosamente hasta que se enfriaran para poder comerlos…

A pesar que llevan leche condensada y azúcar, vas a ver que los panes no son muy dulces. Por eso, me gusta comerlos solo con mantequilla o queso crema, lo que nos da un contraste muy rico.

La receta original no lleva el azúcar por arriba, pero me gusta echarle porque así se ven aún más lindos, y además, les da un tipo crujencia quedando muy rico. Otra adaptación que hice es respecto a la forma. Mi abuela los vendía como un panecito redondo, individual; pero a gusto personal, los veo preciosos en forma de trenzas gordas y para compartir.

Lo importante es que, con o sin azúcar, redondo o como trenza, este pan es muy blando y rico, perfecto para la hora del té (u once – como decimos acá en Chile!) o para regalonear a quien amas, así como mi abuela y mi mamá lo hicieron por mi tantos años…

Trenza de Leche Condensada

Trenza de Leche Condensada

Para 4 trenzas grandes

Pan

1 tarro de leche condensada

La misma medida de leche (ocupa el tarro como medida)

1/2 medida de aceite de maravilla (ocupa el tarro como medida)

4 huevos

1 pizca de sal

1kg de harina de trigo (yo ocupo da harina 00)

20g de levadura seca para panes (o 50g de levadura fresca para panes)

1 yema de huevo

Cobertura

1 taza de leche

4 cucharadas de azúcar

Azúcar para decorar

Mezcla la harina con la levadura seca y reserva (NOTA: si ocupas la levadura fresca, no la mezcles con la harina y ponla con los otros ingredientes, en la juguera). En la juguera, pon la leche condensada, aceite, leche, los huevos y la sal, y mezcla hasta que tengas una mezcla homogénea.

Pon la harina en una superficie limpia, en formato de volcán, hazle un hoyo al medio y agrega la mezcla que tienes en la juguera, mezclando con la punta de los dedos. Empieza, entonces, a trabajar la masa, hasta que tenga una consistencia elástica, pero que no se pegue en las manos. Ten paciencia. Tendrás que trabajar la masa por varios minutos (relájate…). Si después de 15 a 20 minutos, la masa sigue pegote, agrega más harina, de a poco, hasta el límite de 5 cucharadas. Trabaja la masa hasta que se suelte de las manos, y luego ponla en un recipiente limpio. Cúbrela con un paño limpio y deja que crezca por 20 minutos o hasta que tenga el doble del volumen inicial.

Precalienta el horno a 200 grados. Saca la masa del recipiente y apriétala suavemente. Empieza a dar forma a tus panes: Separa tres trozos del mismo tamaño (más o menos del tamaño de una pelota de tenis cada uno) y déjalos en forma de rollos, hasta que tengas una tira larga y fina (un poco más angosto que un dedo). Haz eso con los tres trozos, hasta que tengas tres tiras largas. Junta las tres puntas por una extremidad y empieza a trenzar, cuidando de no quebrar la masa. Al terminar, junta las puntas y moldéalas para abajo del pan, para tener un acabado bonito. Haz lo mismo con toda la masa. Pon las trenzas en una fuente (no hay necesidad de enmantequillar), cúbrelas y déjalas ahí de 5 a 10 minutos.

Con una brocha de cocina, pasa la yema del huevo por arriba y lleva al horno entre 15 a 20 minutos o hasta que estén doradas.

Por mientras, haz la cobertura. En una olla chica, pon la leche y las cucharadas de azúcar. Lleva a fuego medio, mezclando de vez en cuando, hasta que se haya reducido a la mitad.

Saca los panes del horno y, mientras aún están calientes, pasa la cobertura por encima (yo ocupo una brocha para cocina). Una vez fríos, espolvorear con el azúcar por encima.

Para mantenerlos frescos por más tiempo, déjalos en un recipiente bien cerrado.

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